Jorge L. Borges
[ Ver carta del escritor ]
El cosmos, entre el caos y el tiempo.
Con una estética de libro (por el encuadre, la distancia entre renglones, la sistematización, la elección tipográfica) despliega su gran erudición, su dominio consciente sobre la trama con un gesto de investigador -introvertido, riguroso, objetivo, analítico- que reafirma su necesidad de encontrar un orden racional en una escritura angulosa y esquemática (tendencia a profundizar los datos, a descartar lo accesorio para hallar lo esencial), con signos de puntuación precisos, tensión dura (estructuración, tenacidad, rigurosidad, inflexibilidad, autoexigencia), letra imprenta y velocidad contenida (dominio consciente de los impulsos afectivos o de base sentimental).
La licencia de aprovechar el margen para apuntar una nueva anotación admite un cierto permiso para el desorden -aunque siempre lineal- configurando un laberinto gráfico por donde transitan las palabras develando un último sentido.
Proyección social polémica y escasamente empática.
Las barras de las T ubicadas por arriba de su eje y con dirección ascendente expresan una voluntad dispuesta a imponerse y debatir con los demás.
Podía entender e interpretar el comportamiento ajeno como si tratara de describir la reacción visible de un objeto analizable, pero faltan elementos técnicos que indiquen una sincronía con las expectativas o necesidades ajenas (las letras de las palabras están desligadas, no hay guirnaldas, las estructuras curvas son exiguas).
Un perfil conservador, moderado y poco dispendioso parece manifestarse en el tamaño mínimo de su grafía de formas rígidas, sencillas y apretadas (casi sin descargas de tinta innecesarias), el soporte escogido y la visión de un espacio totalmente cubierto (aún por encima de los recortes que evidencia la muestra).
La aprensión afectiva. Selectivo y pudoroso.  “Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de hombres”.
Todo el conjunto gráfico nos revela la sublimación de deseos y tendencias, más en la letra “g” -reflejo de la libido, la capacidad de entrega y la sexualidad- observamos particularmente sus jambas (el trazo descendiente que circula en la tercera zona o zona del instinto y las pulsiones, debajo de la línea del renglón), allí donde el dibujo termina en un entintado que se congestiona o se corta y que evita subir para conectar con la siguiente letra, sin finalmente poder unirla o alcanzarse.
Sólo cuando atendemos a la pronunciada caída de las líneas encontramos a un escritor más nostálgico, que a pesar suyo incurre en la melancolía 
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